CULTURA VAQUERA EN TIJUANA. ASOCIACION DEL RANCHO SANTO DOMINGO

Es increíble como la dinámica de una metrópoli como lo es Tijuana, nos hace pasar por alto e incluso ser ajenos y hasta olvidar, la riqueza no solo histórica, sino cultural, que la zona rural del municipio nos ofrece.

Ubicado a tan solo 40 kilómetros del Centro de la Ciudad de Tijuana, se encuentra el Rancho Santo Domingo, un lugar que vale la pena conocer, situado en un enclave mágico, entre el mar y la sierra, nos enseña que hace 150 años, la cultura vaquera florecía en Santo Domingo, que era un importante centro para la economía de las californias.

Una casa de adobe, hoy convertida en el Museo del Vaquero y preservada por los actuales propietarios del Rancho, es la sede de una Asociación Civil, que se preocupa en pleno siglo XXI, por mantener vigentes las tradiciones de las mujeres y los hombres, que forjaron Baja California.

La cultura vaquera, es una herencia que se vive en corrales y ruedos. Las faenas que los vaqueros y domadores de caballos, nos presentan hoy para deleitarnos, como arrojar el lazo, carreras con obstáculos, y apartar el ganado, en su momento fueron las actividades que les prodigaban el pan. El hombre y el caballo, fraguaron una alianza que ha perdurado hasta hoy, y nos permite homenajearlos, como lo hicieron los integrantes de esta Asociación, el pasado sábado 6 de noviembre.

En este homenaje cuidadosamente organizado, la asociación civil preparó una visita guiada al museo, seguida de una presentación a tres tiempos, de la herencia musical de la cultura vaquera, que nos hizo remontarnos a los presentes, a una época del pasado, marcada por las grandes cabezas de ganado que poblaban las llanuras y los ranchos y que eran la base de la actividad económica.

Después se presentó un acto protocolario en el que se entregaron diversos reconocimientos y se hizo un homenaje a los descendientes de la familia Gilbert, que engalanaron con su presencia, el evento.

Con música norteña y mas a tono con los actuales tiempos, se dió inicio a las suertes vaqueras, que fueron el plato principal de los asistentes, sin olvidar la exquisita barbacoa que fue del agrado de todos.

Con la promesa de celebrar este homenaje el año próximo y con el deseo de que cada año se sumen mas y mas entusiastas de la cultura vaquera, el evento se dio por concluido cuando arribó el atardecer.

Fue como revivir un día del pasado. Uno de hace 150 años, exactamente.

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