“…Lo que se exponen en este trabajo es un filón de la historia de Tijuana y del presente. Una memoria de un pasado que pertenece a todas las personas que celebran, practican y recuerdan lo que hacían como dicen “los padres de nuestros padres”


y que añaden su propia creatividad, ideas e imaginación, la reflexión y los anhelos de lo que fue la parte rural al sur de Tijuana: la antigua casa de adobe del rancho Santo Domingo.

Va nuestro reconocimiento a todas las personas de los ranchos de los llanos de Santo Domingo, que nos mostraron la riqueza histórica que tenemos en la ciudad fronteriza, que nos acompañaron varias veces a recorrer la zona, visitar los panteones y relatar sus historias.

Llegar a Santo Domingo, es descubrir o encontrar un mundo anclado en el pasado, una antigua casa de adobe, que se ha convertido en el Museo del Vaquero Bajacaliforniano.

Es un espacio que incorpora la memoria colectiva de los pueblos, el significado de un pasado de una vida llena de actividades relacionadas con el campo y la ganadería.

Pero que también se construye un futuro. Los adobes representan una mirada con distintas vertientes: habrá quien los aprecie como una ventana al pasado; otros pensaran que no tiene ninguna relación con el presente. Pero esa casa antigua edificada con adobes, sigue teniendo vida por medio de quien la observa y la protege.

Es un atisbo a la historia, al pasado, a ese momento en el tiempo que nos permite transportarnos a la vida cotidiana, a la comida, las actividades ecuestres, a los apellidos: Gilbert, Ames, Crosthwaite, Machado, Marrón, son sentimientos compartidos y futuros imaginados.

Estas actividades antiguas que se realizaron en ese lugar, Santo Domingo, son un patrimonio muy importante, una forma inmaterial, lazos invisibles que permiten saber lo que otros piensan, sienten e intercambian. Es un patrimonio inmaterial vivo, porque todavía la gente encuentra en este lugar formas de organización, familias antiguas, vida rural, que nos habla de cómo aprendimos lo que expresa la frontera mexicana, nuestra región.

Es un legado que lo interiorizamos de manera inconsciente, y que se repite como parte de nuestras vidas y lo más importante, esa casa antigua y los adobes nos abre la posibilidad de saber quiénes somos ante los otros, aquellos que viven en otros espacios, hablan otras lenguas o tienen otras creencias, otros elementos culturales. Un lugar que nos da identidad y sentido de pertenencia, en una Tijuana de migrantes en distintos tiempos que han hecho la casa de toda la gente y con profundas raíces históricas…”

Colaboración de: José Armando Estrada Lázaro. Si gusta conocer la literatura de este escritor, lo invitamos adquirir el siguiente material:

Maestro José Armando Estrada Lázaro.

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